Los niños


Qué lindos son los niños de la selva peruana.


Morenitos, ojos grandes y achinados, oscuros, relucientes y con sonrisas que parecen siempre blancas por el contraste con la piel.


Pero si te acercas, ves cómo en muchos de ellos, sus dientes están todos picados, cómo las caries se han comido parte del diente, dejando dientes finos, rotos y manchados de negro dejando entrever lo que queda del esmalte blanco; cómo sus caritas, sus manos, sus pies y sus ropas están llenas de polvo por la caminata que tienen que hacer para ir y volver de la escuela; cómo sus zapatitos tienen agujeros; y cómo sus cabellos color azabache están llenos de motitas de polvo y restos de plantas.

Cómo detrás de esas sonrisas hay realidades durísimas, con papás que casi no alcanzan para mantener a la familia, que nunca están en casa, cómo alguna mamá, para sacar dinero, tiene que hacer trabajos que dañan su dignidad. Niños que no reciben amor o reciben un amor a medias, un amor por compromiso, convirtiéndose la escuela en su mayor refugio.


Y si te acercas un poco más, puedes llegar a sentir esa necesidad de amor. Cómo te miran, arrebata; cómo llaman tu atención, deseosos de ser el centro; cómo cualquier juego, caricia o cosquillas se convierte en algo maravilloso (y cuidado, que luego quieren repetirlo en bucle hasta tu agotamiento); cómo hay algunos que al ir a tocarles, retraen de forma inconsciente el cuerpo evitando la mano adulta; cómo te conviertes en su amigo y confidente en un abrir y cerrar de ojos. Cómo desean querer, ser escuchados, queridos, abrazados.




Padre, que estos niños se sientan arropados por Ti, que descubran tu amor, EL AMOR, y se sientan queridos de una manera plena.

Gracias por darme la oportunidad de acercarme a todos y cada uno de ellos y entrar en sus pequeñas vidas.



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