Un largo viaje


Nervios a flor de piel constantes. El vuelo se pasó en un suspiro, sí 12 horas de vuelo, fueron divertidisimas.

Primera hora caí rendida de sueño, aunque el chino no me dejaba dormir ocupando mi espacio, pero bueno, durmió él por los dos, de no ser por su bebe y por su afán por invadir mi espacio vital era como no tener a nadie a mi lado.


A la hora, conocí a Renzo, peruano, simpatiquisimo, venía de ver el mundial de Rusia con su amigo Javier (Perú llevaba 36 años sin clasificarse!! De ahí que el avión en su mayoría estuviese lleno de peruanos fanáticos). Conocí a una hermana que llevaba 38 años de misionera por las diferentes zonas de peru. Y nos estuvo contando a Renzo y a mí largo rato qué ha hecho durante esos 38 años. Cómo ha cambiado el Perú desde entonces.


Con Renzo y Javier hablé de todo, de fútbol, amores, política, música, qué hacíamos cada uno, cómo veíamos la vida y sobre todo, me reí mucho.


Al llegar a Lima, Renzo y Javier no entendían cómo iba a ir yo a San Ramon, "¿a ayudar a quién? Si terminarían ayudándome ellos a mi!!" De no ser por Javier jamás habría sido capaz de conectar el Wifi del aeropuerto, tomé dos carros para las maletas (en mi defensa diré que estaban tan bien encajados que parecían uno solo) y más, pero se me alarga el texto. Vamos, que en tan sólo unas horas descubrieron lo desastre que soy. Me recogió Ginno, el señor más amable de Perú seguro, y cruzamos toda Lima en hora punta (indescriptible) para tomar el bus dirección San Ramón.


En el bus conocí a Frank, otro peruano encantador, con mil dudas en la cabeza, que sin saber cómo terminó contándome, y yo terminé explicándole genética mendeliana. Mi ansia por llegar a San Ramón después de tantas horas de viaje impedían que Frank o el sueño hiciesen que las 9 horas de autobús se me pasasen rápidas. La noche cerrada y en ocasiones la lluvia, han hecho que no pudiese ver el paisaje durante el trayecto, así mañana será todo una sorpresa, porque lo máximo que he podido ver de San Ramón han sido sus casas desde que me recogió el "tuctuc" en la parada hasta la parroquia.


Son las 5:45h, el gallo no para de cantar y yo en una cama escribiendo no concilio el sueño.


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